Primer capitulo de mi primer libro (inédito)
El primer día de clases.
- ¡M, apúrate! si no vamos a llegar atrasados.
- Ya voy. Estoy casi lista, déjame terminar de echar unas cosas a la mochila y nos vamos.
- Eso debería haber quedado listo anoche. Dile a tus hermanas que suban al auto y veámonos de una vez.
M hubiese preferido seguir cobijada en la suavidad de sus sabanas eternamente a tener que levantarse temprano y empezar la rutina.
El verano parecía lejano y el viaje a Disney no era más que un murmullo que se perdía en las eternas tardes de verano que ella y su familia pasaron en Estados Unidos.
Era la primera vez que M salía del país y mejor aun, fueron a conocer al ratón Mickey y a Daisy, dos de sus personajes favoritos.
Pero casi todas las cosas deben llegar a su fin y Febrero solo tiene 28 días que al final, dan irrevocablemente paso a Marzo y todo lo que eso conlleva.
Para M, este no solo era su primer día de clases, sino que sus padres la habían matriculado en un colegio nuevo, diferente al de sus hermanas.
A sus 10 años, M era una niña sociable y muy alegre, pero el hecho de llegar a un lugar distinto y saber que sus amigos no estarían ahí, complicaba mucho la situación.
La noche anterior le costo conciliar el sueño y se quedo hasta tarde chateando con L, una de sus mejores amigas.
- M dice: Me da miedo llegar ahí y pensar en no conocer a nadie.
- L dice: No te preocupes, allá harás amigos rápidamente y tu nuevo grupo de amigos lo juntaremos con el de las chiquillas. ¡Seremos tremenda patota!
- M dice: :S
- L dice: Ya amiga! No te preocupes, te ira bien y mañana cuando hablemos me contaras como son los niños y los profesores. Y si te aburres, nos juntamos en la tarde y vemos la teleserie juntas, así pasamos las dos el aburrimiento del colegio.
- M dice: J Si! La teleserie esta muy buena! Veámonos mañana y te cuento como me fue
- L dice: Si que si; oye, te tengo que dejar, mi mamá vino a decirme que apague la luz porque mañana me levanto temprano L Un beso y suerte mañana.
- M dice: Gracias L saludos al curso
- L dice: besitos
- ¿Estamos todos a bordo? LJ. ¡Los juimos!
- Hay papá que le das color, si vamos bien de tiempo.
- No niñitas, debemos llegar a la hora y ya saben como se ponen las calles con los tacos y todo eso.
- Si es el primer día de clases no más, no hay nada importante por hacer.
- ¡Deberán dibujar lo que hicieron en sus vacaciones y cuando me dibujen a mi, háganme bien musculoso!
- ¡Papá! Si ya no somos cabras chicas, eso se lo hacen a los niños de primero
La risa inundo el auto cuando V, el papa de las niñas, se río de su broma y partió de una buena vez.
Las primeras en bajarse fueron P y C, hermanas de M, que iba sentada de copiloto junto a su padre quien estampaba sonoros besos en las mejillas de sus hijas, las que miraban entre incomodas y avergonzadas como los otros niños veían tal desplante de amor paternal.
Ya de vuelta en el auto y con la radio a un volumen moderado, V tomo rumbo al nuevo colegio de M, quien miraba por la ventana como la ciudad lucia tan igual, con la misma gente corriendo atrasada, los autos que formaban interminables filas frente al semáforo y las micros que amenazantes recorrían las calles que hasta hace poco, parecían desiertas y tranquilas.
El sonido de la radio y la forma en que V tarareaba una canción de Matia Bazar, provocaron que la mente de M divagara en los últimos acontecimientos de su vida.
El último año en su antiguo colegio fue bastante bueno. Afiató mas su amistad con diferentes personas y saco buenas calificaciones, pero eso no fue suficiente para que sus padres no decidieran matricularla en un colegio distinto, donde se les da prioridad a los niños con habilidades artísticas y emocionales.
Lo peor había sido despedirse de sus amigas y abandonar el lugar que la vio crecer y cobijo durante cuatro años.
El tiempo pasaba rápido y por un segundo, M tuvo la sensación de entender la frase “cómo vuelan los años” que tan recurrentemente escuchaba en su madre.
- Hija, hija, ya llegamos.
- ¿Ah?
- Ya estamos en el colegio, apúrate que ya están entrando.
De repente, M se vio empujada por un mar de niños que apretujados corrían a las salas raudos y llenos de risa.
Después de un calido y largo abrazo con su padre -quién susurro lindas palabras en su oído- M llego frente a una puerta azul que desgraciadamente estaba cerrada y desde la cual se escuchaba la voz de la profesora.
¿Has estado en una situación así? Da bastante miedo golpear y que la mirada de cuarenta extraños se posen en ti, como diciendo “¿Y este quien es?
M lo sabía bastante bien, por lo que sintió que su brazo pesaba el doble cuando trato de levantarlo y aporrear la puerta azul, la que ahora se veía más grande y amenazadora que antes.
Tres veces que parecían cien fue todo lo que M golpeo hasta que la señorita F le abrió la puerta e invito a pasar.
Efectivamente y ya estando adentro, M sintió como ochenta pares de ojos la escrutaban de arriba abajo como si fuera un extraterrestre apresado y exhibido por primera vez.
Lo único que M atino a decir fue: “Hola, me llamo M y soy nueva”
Todo el curso se río y ella se sintió entre incomoda y avergonzada, porque pensaba que lo que dijo sonaba muy tonto y obvio.
Ya en la sala y tras escoger el único asiento desocupado, M se sentó y comenzó a mirar de reojo a los que serian de ahora en adelante sus nuevos compañeros.
Había de todo un poco: niñas que parecían mayores y que cuchicheaban entre ellas, niños de ojos saltones y adustos cuya mirada nunca se posaba por mas de cinco segundos en el mismo objeto y otros que se enfundaban en los asientos de atrás mientras garabateaban dibujos en sus cuadernos.
Nada especial la verdad, un curso como cualquier otro, excepto por la ausencia de L y el resto de sus amigas.
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- Julio de 2008 (13)
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